Pioneros por accidente
En 2021, Chile se convirtió en el primer país del mundo en modificar su Constitución para proteger los neuroderechos — la integridad mental, la privacidad neuronal y la no manipulación cognitiva. Fue un hito histórico. Pero un hito que, paradójicamente, casi nadie en Chile comprendió en su totalidad.
La reforma fue impulsada por un grupo reducido de académicos y neurocientíficos, liderados por el senador Guido Girardi y el neurobiólogo Rafael Yuste. El Congreso la aprobó por unanimidad, en parte porque la temática era tan novedosa que resultaba imposible estar en contra sin parecer retrógrado. Pero la unanimidad, en este caso, reflejaba más desconocimiento que consenso.
El vacío estratégico
Tres años después, la legislación existe pero el ecosistema no. No hay un centro de estudios dedicado a las implicaciones de las interfaces cerebro-computadora. No hay un laboratorio nacional de neurotecnología ética. No hay una política industrial que conecte la ventaja regulatoria con oportunidades económicas concretas.
"Tener la mejor ley del mundo no sirve de nada si no tienes la capacidad institucional para hacerla cumplir y evolucionar."
Mientras tanto, Neuralink avanza hacia implantes cerebrales comerciales. La neurotecnología china opera sin restricciones éticas comparables. Y empresas de todo el mundo buscan jurisdicciones donde la regulación sea clara pero no obstructiva — exactamente lo que Chile podría ofrecer si articulara una estrategia coherente.
El Círculo Austral busca llenar ese vacío: conectar la legislación pionera con pensamiento estratégico de largo plazo, creando el debate que debió existir antes de la ley, no después.