P: Chile alberga el 70% de la capacidad astronómica mundial. ¿Estamos aprovechando esa ventaja?
R: La estamos aprovechando científicamente, sí. Nuestros astrónomos publican en las mejores revistas, colaboran con los equipos más importantes del mundo. Pero industrialmente, estamos en pañales. Tenemos los telescopios más avanzados del planeta y no fabricamos un solo componente óptico en Chile. Todo se importa. Eso es una anomalía que debería avergonzarnos.
P: ¿Qué significan los Acuerdos Artemis para Chile concretamente?
R: Los Acuerdos Artemis son, esencialmente, las reglas del juego de la economía espacial del siglo XXI. Al firmarlos, Chile se comprometió a participar en la exploración y utilización pacífica del espacio, incluyendo la Luna y los asteroides. Concretamente, eso significa que podemos participar en misiones lunares, aportar instrumentación científica, e incluso eventualmente participar en la explotación de recursos extraterrestres.
P: ¿Suena ambicioso para un país como Chile, no?
R: Suena ambicioso si piensas en Chile como un país pequeño del sur. Pero si piensas en Chile como el país con la mayor infraestructura astronómica del mundo, con una industria minera de clase mundial que entiende de extracción de recursos, y con una posición geográfica privilegiada para lanzamientos suborbitales — entonces no suena ambicioso, suena lógico.
P: ¿Qué necesitamos para dar el salto?
R: Tres cosas. Primero, una agencia espacial real con presupuesto y mandato claro, no el organismo burocrático que tenemos hoy. Segundo, un programa de ingeniería satelital en al menos dos universidades. Tercero, y quizás lo más importante, voluntad política. Necesitamos políticos que entiendan que la economía del espacio no es ciencia ficción — es el próximo commodity, como el cobre lo fue en el siglo XX.